Federación Sindicalista Libertaria

En la Confederación Nacional del Trabajo había distintas formas de entender el momento histórico que se estaba desarrollando en 1930. Una de estas visiones favorecida por Ángel Pestaña, entre otros, defendía la necesidad de consolidar una república burguesa en la que poder realizar una actividad sindical de forma legal. Entendían que España era un país atrasado con características feudales y con fuertes relaciones caciquiles. De manera que propugnaban por un período de transición (sin nombrarlo así) en el cual el país tendría una forma de República Socialista Federal, en donde los sindicatos tendrían un fuerte peso en la economía y en la vida política.

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Durante los primeros meses de la Segunda República Española los militantes que defendían este tipo de tesis (con diferencias tácticas entre sí: Juan López, Joan Peiró y el propio Pestaña) controlaban los comités superiores de la CNT, y poco a poco se fue conformando un cuestionamiento a sus posturas por parte de los militantes anarquistas más radicalizados. En el verano de 1931 tiene lugar una intensa oleada de huelgas en toda España que supera con creces las expectativas de todo el movimiento. Por tanto los sectores partidarios de una revolución inmediata acusaron a los comités superiores de pasividad, de reformismo, de burócratas y de no hacer lo suficiente para aprovechar la situación del país para iniciar un proceso revolucionario.

El 30 de agosto de 1931 un grupo de 30 militantes conocidos de CNT lanza el conocido Manifiesto de los Treinta.[1] Se trataba de un documento bastante duro contra sus críticos en el que los acusa de demagogia y de apostar por una revolución sin prepararla adecuadamente. A pesar de ello defienden una revolución, pero aseguran que a ella se llega mediante un proceso y no es producto de voluntarismo individual.

Sin embargo, la oleada de huelgas arreció durante el otoño. Además coincidió con la apertura de nuevos conflictos sociales como algunas huelgas de alquileres o huelgas campesinas. El caso es que para agosto de 1931 CNT había atraído a cientos de miles de trabajadores. Solamente Cataluña ya contaba con 307.449 afiliados.[2] Por todo ello a finales de año los comités superiores y el diario Solidaridad Obrera cambiaron de manos y fueron progresivamente ocupados por distintos miembros de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). En esta época el sector treintista responderá creando un órgano de prensa, Cultura Libertaria, que será su portavoz.

A inicios de 1932 se produce la conocida Insurrección anarquista del Alto Llobregat. Se trata de una huelga general de carácter revolucionario (e improvisada, ya que estallaría debido a unos despidos) en la que los obreros y mineros ocupan la cuenca minera de los ríos Llobregat y Cardener. Además diversos pueblos proclaman el comunismo libertario. La huelga es derrotada fácilmente por el ejército y cientos de trabajadores son detenidos. Las autoridades deportarán a las colonias del África española a un centenar de militantes de esta zona e insurrectos de otros lugares (Barcelona, Valencia, Cádiz…).

Pero la gestión de este grave suceso produce una ruptura interna. Para canalizar la ayuda a los represaliados el Comité Regional de CNT pide que los sindicatos aporten una cuota extraordinaria. Sin embargo habrá sindicatos que no están de acuerdo con este tipo de intentonas revolucionarias (a pesar de que su inicio fue a través de una situación bastante espontánea). En el Pleno Regional de marzo de 1932 los sindicatos de la Federación Local de Sabadell se niegan a pagar esta cuota. Por lo tanto esta federación local será expulsada de CNT. A lo largo del verano de 1932 otros sindicatos de otras comarcas catalanas se solidarizan con estos sindicatos. Algunos son expulsados igualmente por no pagar la cuota pro-presos, otros se auto-excluyen.

A todo esto estalla la Insurrección anarquista de enero de 1933 que está impulsada por el grupo anarquista Nosotros y por diversos grupos de la FAI. La revuelta está mal preparada y eventualmente supone un desastre. Se producen 32 muertos, entre los que destacan los producidos en los Sucesos de Casas Viejas, que provocarán una crisis en el gobierno. De todas formas los sectores revolucionarios que han impulsado esta insurrección lo presentan como una práctica que llamarán gimnasia revolucionaria.

Esta será la gota que colma el vaso y a finales del mes de enero se celebra en Manresa un pleno de numerosos sindicatos que deciden crear un movimiento de oposición a la línea dominante en CNT-FAI. En junio celebran un congreso regional en Barcelona y contarán con la adscripción de unos 26.000 trabajadores. En ese congreso se forma una federación regional de Sindicatos de Oposición. Además recibirán nuevas adhesiones a lo largo del verano debido a que otros sindicatos más se niegan a cotizar la cuota pro-presos por no querer pagar las aventuras de los demás. Los Sindicatos de Oposición predominan en las comarcas del interior de Cataluña. En especial en Sabadell, Manresa, Valls, Mataró, Igualada, Vic, Gironella (el grupo anarquista Espartaco), Puig-Reig… y también arraigarán en Huelva y Valencia con presencia en Zaragoza, Madrid, Granada, Sevilla y muchos otros pueblos. Al semanario Cultura Libertaria, lo sustituiría a partir de febrero de 1933 el semanario Sindicalismo. Finalmente, después de la intentona revolucionaria del 8 de diciembre de 1933, los Sindicatos de Oposición de Cataluña hacen público un manifiesto donde rompen oficialmente con CNT.

Esta ruptura se suma al hecho que durante aquel año CNT pierde el predominio sindical en las provincias de Lérida, Tarragona y Gerona, que pasaría al BOC o a la UGT, dependiendo del lugar. A finales de 1933 la CNT quedaba recluida a Barcelona y el Bajo Llobregat con focos pequeños en muchos pueblos. Por tanto los treintistas presentan esta situación como la consecuencia de una pésima gestión de la FAI en los comités superiores de CNT. Habría que decir que en realidad la FAI por su tamaño era imposible que controlase un sindicato tan grande como CNT. Lo que ocurría era que – para contrariedad del treintismo y de los críticos comunistas y socialistas – en muchos sindicatos existía una influencia real del anarquismo entre la clase trabajadora. Estos militantes ni siquiera estaban afiliados o vinculados con la FAI, si no que actuaban por convencimiento propio. Se puede considerar como un error de análisis el menosprecio de la influencia real del anarquismo entre la clase obrera catalana, cosa que se pudo comprobar claramente en 1936.

Por si fuera poca esta crisis interna de CNT, a finales de 1933 comenzó a perseguirse los sindicatos a nivel policial y parapolicial en la ciudad de Barcelona, a partir de la llegada de Miguel Badia y Josep Dencàs a los puestos clave en la seguridad de la Generalidad de Cataluña. Esto hizo que muchos sindicatos tuvieran serias dificultades para llevar a cabo una actividad pública de forma estable, debido a las continuas detenciones de militantes y clausura de locales. Y a la vez reforzaba la sensación de crisis en el seno del anarcosindicalismo.

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